El corral de Belén

– AÑO: 1993 –


Los aperos rurales castellanos
que están presentes en este diorama
son como las notas de un pentagrama
compuesto de recuerdos muy lejanos.
Arneses y aparatos artesanos,
herramientas para eliminar la grama,
pertrechos con injusta mala fama,
enseres para cultivar el grano.
Utensilios para usos cotidianos:
carro, caniza y trillo me encaraman
a un sueño primitivo y veterano
que es dulce y paciente melodrama.
Ecos de Navidad se hacen cercanos
al contemplar todo este panorama.


En la oficina de Gonzalo Blanco, vi un libro titulado “Aperos de madera” y como Gonzalo me notó muy interesado en él, me lo regaló. En él pude contemplar todos aquellos aperos, que había conocido en mi infancia, durante mis repetidas estancias veraniegas en Matapozuelos.

En el verano de 1993, en Boecillo, comencé a elaborar a escala y en madera de roble, diversos aperos relacionados con las labores propias de la agricultura castellana. Diversas palas, horcas, yugos, collarines, el rastrillo, la guadaña, la criba, el azadón, la hoz, la media fanega, el comedero, el acial y la reja.

Cuando le mostré a mi amigo Teodoro Rodriguez lo que había realizado, me felicitó, pero me comentó: “Te falta un carro” y como soy de buen conformar construí el carro, al que por cierto asigné matrícula de Matapozuelos.

Solo me faltaba un corral donde disponer todos los aperos.  Por ello concebí este diorama que, obviamente titulé, “El corral de Belén”. A la izquierda levanté un pequeño cobertizo junto a una cuadra, a la derecha, un cobertizo mayor donde ubiqué los aperos más voluminosos: como el carro, el trillo con su asiento, la caniza y el arado. En el centro, al fondo una trasera, con una puerta medio abierta, a través de la cual se divisan un par de labradores y el paisaje.

Para construir los tejados de los edificios, elaboré 584 tejas de barro y una a una, las fui colocando de forma ordenada. Finalmente modelé las figuras de una Sagrada Familia castellana, además de la mula que asoma su cabeza por la puerta de la cuadra.

Con este diorama obtuve nuevamente el primer premio en la Exposición Concurso Nacional celebrada ese año en la Sala de Exposiciones de la Caja de Ahorros Provincial de Valladolid y que estuvo organizada por la Asociación Belenista Castellana.

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