Yo llevaré oro, yo incienso,
yo mirra

– AÑO: 2019 –


Yo llevaré oro, comentó Melchor
Yo llevaré incienso, anunció Gaspar
Yo llevaré mirra, soy Baltasar.
Tres intenciones del mismo tenor,
tres dones para nuestro salvador,
que los Reyes pensaban entregar,
al final de aquel viaje singular,
a la madre de Jesús, el Redentor.
El diorama refleja un resplandor
que inunda un laberinto circular,
copia del que hay en el interior
de la catedral de Chartres, sin par.
Una moda de aquel medievo en flor
Y así el peregrino pudiera andar.





Adquirí estas tres figuras de los Reyes Magos observando los presentes que decidieron llevar al niño Jesús. Recreé el momento en el que, reunidos en Oriente, deciden partir hacía Belén guiados por la estrella.

Un peregrinaje largo y tedioso que soportaron ilusionados, ya que el fin de la travesía recompensó con creces sus numerosos esfuerzos. 

Aquí los Magos se encuentran en un lujoso salón de palacio, pisando una copia de uno de los laberintos más famosos que existen y que en el medievo se construyeron en el suelo de varias catedrales europeas. Se hicieron con el fin de que los peregrinos los recorrieran y consideraran ese recorrido espiritual como un sucedáneo del peregrinaje a Jerusalén. En esa época, al estar la Ciudad Santa ocupada por los musulmanes, si un cristiano se acercara allí, implicaba un elevado riesgo. La pared del fondo que contiene tres espejos, fue elaborada con azulejos de arcilla polimérica por mi hija Laura.

En concreto, el laberinto reproducido a escala, bajo los pies de los Reyes es el de la catedral de Chartres. El diámetro de este laberinto, ligeramente inferior a los 13 metros, coincide con la del soberbio rosetón que preside el ábside del templo.














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